Pink Flyod: cuando la música se puede tocar
- Nat Nonsanti
- 28 oct 2024
- 3 min de lectura
La banda británica nacida en 1964, visita por estos días La Rural de Buenos Aires, convertida en una experiencia interactiva-inmersiva. Icónica, psicodélica, progresiva, sinfónica y equilibradamente incómoda son algunas de las características de la banda que se materializan en el recorrido de esta retrospectiva. Los motivos para visitarla trascienden lo estrictamente musical. Se trata de una invitación para vivenciar la experiencia estética que genera Pink Flyod al impactar sobre el triángulo política-belleza-humanidad.

Storm Thorgerson diseñó las dos imponentes cabezas metálicas para la portada del disco The Division Bell (1994). Fuente: Propia. @natnonsanti
Un recorrido histórico-experimental
A riesgo de simplificar, la exposición se organiza en torno a tres grandes momentos de Pink Flyod. Sus inicios, donde se recupera la relación de la banda con el cine. Cuando abrió un espacio dialógico entre belleza visual y musical en el juego político-humano. Con base en ello, el grupo exploró y diseñó paisajes sonoros, tales como los creados para los films Zabriskie Point (Antonioni, 1970) y La Vellèe (Schroeder, 1972).
Inicios: la relación de Pink Floyd y el cine, mediante la creación de paisajes sonoros. Fuente: Propia. @natnonsanti
La segunda fase se inicia con una búsqueda experimental por intensificar la expansión del sonido. Su base fue la espacialidad de los paisajes sonoros antes creados. The dark sid of the moon (1973) y Wish you Were Here (1975) son los dos primeros discos exponentes de esta exploración.
Segunda fase: la búsqueda experimental para generar sonido expansivo y futurista que plasmada en varios discos: además de los antes mencionados, Animals (1977) y The Wall (1979). Fuente: Propia. @natnonsanti
Finalmente, la etapa de cierre, un proceso de traducción conceptual. Bajo el liderazgo de David Gilmour, Pink Floyd indagó sobre la conciencia humana y sus niveles de lucidez en contacto con una realidad, de la cual todos somos partícipes y responsables. En referencia al disco A momentary lapse of reason (1987), Storm Thorgerson reflexiona acerca de que "La realidad tiene sus propios atributos. Lo que ves es lo que hay (...). Es más divertido hacer algo real". Así, la experimentación sonora en diálogo con la imagen y letras comprometidas con una realidad potente son los pilares de esta experiencias inmersiva, para la cual se pudieron de acuerdo todos los miembros de la banda, disuelta en 1995.
Etapa de cierre: la traducción conceptual como instrumento de reflexión y diálogo entre conciencia y realidad. Fuente: Propia. @natnonsanti
El espacio como experiencia multisensorial
La espacialidad es el interlocutor obligado de la muestra. No hay ningún objeto, fragmento musical y/o testimonio de sus protagonistas ubicados al azar. La polifonía entre todos sus elementos sumerge al visitante em un viaje cuasi onírico. Este se inicia cuando los auriculares -provistos en la entrada del Pabellón Frers de la Rural- se activan con solo pararse frente a los diversos bloques artísticos.

La experiencia inmersiva se activa a través de los auriculares, generando un recorrido multisensorial. Fuente: Propia. @natnonsanti
El diálogo entre sonidos, arquitectura y diseño generan una atmósfera en continuo movimiento. El cuerpo vibra como caja de resonancia más allá del deseo y de la voluntad del público. Música, composición, tecnología, puesta en escena, cine, fotografía y filosofía confluyen bajo la forma de un rayo de energía. Pink Flyod impacta en la fluidez etérea del inconsciente colectivo: transformó el triángulo política-belleza-humanidad en un prisma piramidal, cuyo centro potente de luz es la música. Aquella equilibradamente incómoda, la música que se puede tocar.
Pink Floyd interpelando la realidad en la Rural. Fuente: Propia. @natnonsanti
































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